Carbohidratos vs Proteína, en empate para ganar músculo.
Así es como ganamos músculo con nuestro experimento de "superávit inteligente": no necesitas tanta proteína.
2/9/20263 min read



Seguro que te ha pasado: quieres ganar volumen, te apuntas al gimnasio y empiezas a comer pechuga de arroz hasta que el simple olor te revuelve el estómago. Nosotros pasamos por ahí y terminamos hinchados, pesados y sin ganas de entrenar. Por eso, y por temor a consumir proteínas en exceso y que nada en exceso puede ser bueno, desde hace unos meses nuestro grupo decidió probar algo distinto y dejar de lado un poco los mitos de toda la vida sobre el consumo de proteínas.
¿El resultado? Mantuvimos, e incluso ganamos, músculo de forma limpia y, lo mejor de todo, sin sentirnos como un globo todo el día. Aquí te contamos lo que aprendimos en este experimento que nos cambió la forma de ver la nutrición.
El secreto no es comer más y más proteínas, sino comer de todo con estrategia. Lo primero que aprendimos es que para ganar músculo hace falta un superávit calórico (comer más de lo que quemas), todo lo contrario a lo que harías cuando quieres bajar de peso, pero no vale cualquier cosa. Si te llenas de comida que tarda horas en digerirse, a la siguiente comida no tendrás hambre, y comer sin hambre es igual a engordar (grasa) que es lo menos que quiere. Nuestro truco fue buscar alimentos con alta densidad calórica y digestión rápida. El objetivo era simple: vaciar el estómago pronto para poder meter la siguiente carga de energía sin esfuerzo. Priorizar la densidad sobre la saciedad. En lugar de ensaladas gigantes que te llenan pero no alimentan, empezamos a buscar "bombas" de energía que saciaran poco. Si quieres crecer, no puedes estar lleno todo el día; necesitas que tu cuerpo procese la energía y pida más.
Si nos hubieran dicho hace un año que estaríamos comprando comida de bebé, nos habríamos reído, pero funciona; lo mismo sucede con las frutas deshidratadas (datiles, uvas pasas, higos, arándanos, etc: son el snack perfecto. Estos tienen muchísimas calorías en muy poco volumen y se digieren en un suspiro.
Harina de arroz para bebés: sin dudas este fue el gran descubrimiento siguiendo la información aparecida en algunas páginas científicas. Al estar diseñadas para estómagos delicados, las papillas de arroz son "amables" con el intestino. Nos permitieron meter muchísimos carbohidratos sin la pesadez que te deja un plato gigante de pasta o arroz.
Rompiendo el mito: No necesitas tanta proteína. Este fue el punto más polémico de nuestro experimento. Siempre nos dijeron que para ponerse grande había que vivir a base de batidos de proteína y carne roja. La realidad que descubrimos es otra. Estando en superávit calórico, el cuerpo no necesita cantidades industriales de proteína. Nos centramos más en los carbohidratos para tener energía y dejamos la proteína en niveles razonables (1 a 2 gramos máximo por kilogramo de peso corporal al día). Incorporamos muchas legumbres y, como fuente de proteína animal ligera, abusamos de la clara de huevo. Es barata, versátil y no te deja esa sensación de pesadez que te da un chuletón antes de ir a dormir.
Conclusión: Menos es más (si sabes qué elegir). Después de tres meses con este sistema, todos en el grupo hemos mejorado nuestras marcas y nuestra composición corporal y hemos vuelto a disfrutar de las comidas en grupos de una manera normal. La clave no fue "sufrir" comiendo, sino ser inteligentes con la elección de los alimentos: densidad alta, digestión rápida y menos obsesión con la proteína. Si sientes que estás estancado y que comer se ha vuelto un trabajo, dale una oportunidad a este enfoque. Tu estómago te lo agradecerá. Y recuerda: nada de esto sirve de mucho si llevas una vida sedentaria; a nuestra edad ejercicio físico, mucho ejercicio.
(Esta información tiene un carácter meramente informativo. Para obtener asesoramiento o diagnóstico médicos, consulta a un profesional).
